Tu dolor no necesita una respuesta inmediata.
Necesita espacio.
Vivimos en un tiempo que apresura todo —
incluso el sentir.
Pero lo que atraviesa el alma
no sigue ese ritmo.
Sigue otro tiempo.
Más interno.
Más silencioso.
—
Muchas veces, lo que llamamos dolor
es simplemente algo que pide ser escuchado.
Un movimiento que aún no ha encontrado forma.
Y cuando es ignorado
para sostener una imagen de fortaleza,
no desaparece.
Se desplaza.
—
Dar voz a lo que se siente no es resolver.
Es permitir.
Permitir que la experiencia exista
sin ser interrumpida.
Sin ser apresurada.
—
En este espacio, no hay exigencia de superación.
Hay escucha.
Hay presencia.
Y un profundo respeto
por el tiempo de cada persona.
—
Caminar aquí no es apresurarse.
Es seguir…
sin abandonarse.
—
Y, a tu propio tiempo,
puedes volver al inicio
o seguir lo que tenga sentido ahora.